Nunca más seré amada ni necesitada por ti.
Y ahora estoy aquí, en el lugar de siempre,
pero sola.
Me gustaba cuando me hacías enfadar,
y por ti, nunca me importó llorar.
Y cada vez que me pedías perdón, te juro que adoraba
esa expresión tan dulce en tu cara.
"Abrázame fuerte, y no me dejes ir,
quiero quedarme entre
tus brazos"
No puedo evitar soñar con abrir los ojos,
y verte junto a mi,
y volver a dormir...
*********************
Perdida en algún lugar, entre mi cama y mi edredón.
Matte kure.
viernes, 30 de diciembre de 2011
domingo, 18 de diciembre de 2011
21. Maka sin Soul.
Y Soul sin Maka...
Me dejo caer en lo más profundo de mi sombra,
mi aliento se esconde, mi noche mortal espera.
No tengas miedo, si de verdad lo deseas, tu mundo de ensueño puede ser real.
Nos vemos en tus sueños, baby.
Incluso aunque sean una pesadilla.
El hada azul va a pintar para ti, un cielo lleno de estrellas,
y lo decorará con una luna de papel negra.
Si de verdad confías en mi, cuando te sientas perdido, allí estaré. Siempre a tu lado.
Y cada vez que mire a la luna brillante, pensaré en ti.
Me dejo caer en lo más profundo de mi sombra,
mi aliento se esconde, mi noche mortal espera.
No tengas miedo, si de verdad lo deseas, tu mundo de ensueño puede ser real.
Nos vemos en tus sueños, baby.
Incluso aunque sean una pesadilla.
El hada azul va a pintar para ti, un cielo lleno de estrellas,
y lo decorará con una luna de papel negra.
Si de verdad confías en mi, cuando te sientas perdido, allí estaré. Siempre a tu lado.
Y cada vez que mire a la luna brillante, pensaré en ti.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
sábado, 10 de diciembre de 2011
19. Kimotsukete.
Nunca olvidaré tu abrazo mientras lloraba.
Ni tu forma de calmarme con las palabras.
Ni tu abrazo cuando más lo necesitaba.
Ni tu historia.
Hay muchas cosas que nunca te digo, pero, ¿sabes?
Me importas mucho.
Por eso...
Por favor, ten cuidado.
Tal vez no te des cuenta, o tal vez lo sepas mejor que yo, pero...
Ya estás casi curado.
Sólo que la medicina...No te está sentando nada bien.
Te quiero.
viernes, 9 de diciembre de 2011
18. The show must go on.
Todo termina hoy.
Soy una gran actriz.
Puedo salir adelante.
Puedo creérmelo.
Puedo vivir sin aquel chico que se ganó mi corazón.
Sin el que me hizo estar dispuesta a darlo todo por él.
Sí...
Puedo vivir sin mi diablillo, porque...
...Nunca existió...
********************
-Alba, mírame.
+...
-Alba. Levanta la vista.
+ ...No puedo...
-Alba. Deja de llorar.
+No es fácil.
-Lo sé. Pero ya lo lograste una vez, ¿recuerdas?
+No era lo mismo...Él al menos existía, pude tocarle, abrazarle...
-...Eso es cierto. Pero piensa en todas las sonrisas que te ha sacado, cuando más falta te ha hecho.
+¿Y de qué sirve, Ranne? ¿De qué? El chico del que me había enamorado, el chico al que quise darle todo, no existe. No está. No podré tocarle, ni abrazarle, ni decirle "te quiero".
-Entonces...Sólo te queda hacer una cosa.
+¿Qué...?
-Seguir con el show. Sonríe. Sal adelante. Mírate al espejo, y dile a tu reflejo: "todo está bien." Como siempre. Y, aunque te vaya a costar la vida, aunque estés muerta por dentro, aunque te caigas mil veces...Sigue.
+No va a ser lo mismo...
-Lo sé, pequeña mía. Estoy dentro de ti, y ayer lo vi todo. Vi como tu corazón se rompía a pedazos. Te vi llorar, pero cuando te vi ahí...Apagada. Rota. Sin reaccionar...Oh, Dios...Te perdí, mi pequeña.
+Lo he intentado, Ranne. Lo sabes...
-Lo sé...Lo he visto...Pero mi niña, pequeña, mi amor...Trata de renacer. Siempre has sido como el ave fénix, siempre has resurgido de tus cenizas. No dejes de hacerlo ahora. Él...no querría eso.
+Ranne...Estoy tan cansada...
-Descansa, mi niña...Cierra los ojos, y duerme. Mañana es el último día. Cuando volvamos a casa, lloraremos tranquilas.
sábado, 3 de diciembre de 2011
17. Seis palabras y una canción.
Simplemente, eran lo que necesitaba para volver a la realidad, para recuperar la cordura, para volver a ser yo misma, una vez más.
Y tú, simplemente, me las diste. Seis palabras. Algo que a ojos del mundo parece insignificante, pero que para mi lo son todo.
Seis palabras que hicieron que todo mi mundo recuperase su color.
Tal vez se te escaparon, o de verdad quisiste decirlas, pero esas seis palabras me han devuelto la vida. Tan simples. Tan pequeñas.
Tan únicas.
¿Sabes? Tengo muchas palabras guardadas para ti, muchas cosas que tal vez nunca podré darte, muchas preguntas que hacerte, muchos abrazos que robarte, muchos besos que pedirte, y muchas sonrisas que sacarte.
Como la que tú me devolviste ayer.
Y tú, simplemente, me las diste. Seis palabras. Algo que a ojos del mundo parece insignificante, pero que para mi lo son todo.
Seis palabras que hicieron que todo mi mundo recuperase su color.
Tal vez se te escaparon, o de verdad quisiste decirlas, pero esas seis palabras me han devuelto la vida. Tan simples. Tan pequeñas.
Tan únicas.
¿Sabes? Tengo muchas palabras guardadas para ti, muchas cosas que tal vez nunca podré darte, muchas preguntas que hacerte, muchos abrazos que robarte, muchos besos que pedirte, y muchas sonrisas que sacarte.
Como la que tú me devolviste ayer.
lunes, 28 de noviembre de 2011
16. Y llegaron él y su violín.
Y mi tristeza se calmó. De repente, los violines empezaron a llenar mis oídos con su dulce melodía, y una leve sonrisa se dibujó en mi rostro.
De repente, aunque seguía extrañando a mi perdido Réquiem, me sentía más calmada.
Llegaron él y su música, diferentes, distintos, embriagándome.
Sus misterios, sus risas, todo me volvieron a poner los pies en la tierra.
Y, cuando las lágrimas amenazan con volver, él y sus chistes me hacen reír.
Tú y tu violín. Y tus chistes. Tus misterios. Incluso el nombre que me regalaste, y la forma en que me ves.
¿Cómo lo hiciste para aparecer tan a tiempo en mi vida?
miércoles, 23 de noviembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
14. I'm sorry.
Lo siento...Te estoy mintiendo.
No puedo dejar de sentir lo que siento por ti.
Ni de querer tenerte a mi lado.
Digo que no me duele ya que no me hables a penas.
Pero...Dios, me duele demasiado.
Lo siento...
Sigues siendo mi pilar. Mi hermano.
Mi amigo...
Y mi sueño inalcanzable.
Perdóname...
Por no poder decirte que aún tienes un sitio en mi corazón,
que no hay noche que no piense en ti,
ni mañana que no me levante haciéndolo.
Perdóname por mentirte diciendo que sólo quiero ser tu amiga,
porque en realidad...sigo queriendo ser mucho, mucho más.
domingo, 6 de noviembre de 2011
13. Jack y Kirtash.
Siempre he estado enamorada de dos personas que no existían en este mundo, sino entre las páginas de tres libros que, una mañana de reyes, encontré esperándome en el salón de mi casa.
Por aquel entonces, acababa de estrenar mis 15 años, y tenía la imaginación y otras cosas disparadas. No es de extrañar, pues, que tardara menos de medio minuto en empezar a leer, y que me sumergiera de tal forma en la lectura, que, cuando me quisiera dar cuenta, era ya la hora de almorzar.
Pero ya me había enamorado de ellos dos. Ya me había enamorado del dragón y el shek, de dos de los protagonistas de la trilogía que marcaría para siempre mi vida.
Ya estaba enamorada de Jack y Kirtash, irrevocablemente. Tan distintos, tan parecidos, tan...únicos. Y yo, soñadora de mi, soñaba con encontrarles en la realidad, aunque me costara esperarles toda mi vida. No quería una historia como la de su saga, sólo...Encontrarles fuera de las páginas. Y...les encontré.
Encontré a mi Jack, pero, irónicamente, siempre estuvo a mi lado. Siempre, desde niña, mi Jack había estado conmigo. En cada cumpleaños, en cada carnaval, en cada momento. Siempre ahí, sonriéndome, y haciéndome sonreír, protegiéndome, abrazándome, y diciéndome "te quiero" con cada mirada. Siempre estuvo conmigo, incluso el día que se fue a vivir a Palma, incluso cuando más sola me sentía, incluso cuando no podía abrazarlo. Y, en el momento que más lo he necesitado, a vuelto a buscarme, para hacerme sonreír de nuevo. Mi Jack...A mi lado, a pesar de todo...
Y también encontré a mi Kirtash, por pura casualidad. Encontré a un chico que sí, era la frialdad pura, pero que también era tierno, y se preocupaba por mi. Que, cada vez que caía, me tendía la mano, incluso aunque nunca nos hubiéramos visto. Que muchas veces se mostraba frío e insensible, que era demasiado directo a veces, demasiado indirecto otras. Que, a pesar de todo, cuando me decía que me quería, lo decía con sinceridad. O eso creo. Mi Kirtash...Mi Chris Tara, que me lleva más allá de este mundo con sus acordes...
Los dos son más de lo que siempre quise, pero, como en sus libros, tengo el dilema. ¿El dulce dragón de ojos verdes, o el frío shek de ojos azules...?
Siempre supe que, algún día, acabaría decantándome por uno, daba igual la circunstancia.
Y así fue como la simple humana, entregó su corazón a la fría serpiente alada, aunque ella no le prestase atención.
sábado, 5 de noviembre de 2011
12. Open your eyes...
¿Por qué?
¿Por qué tenéis que hacerlo tan difícil, por qué os tiene que doler tanto?
¿Qué ganáis con ello?
Os he visto pasarlo mal, os he visto reír y llorar, pero desde hace un tiempo, sólo veo lágrimas en vuestros corazones, y son lágrimas que sólo vosotros os podéis evitar.
¿Por qué sigues anclado al pasado?
¿Qué lo hace tan especial? ¡Mira a tu al rededor, esta es la vida real!
Y sí, lo vas a pasar mal, ya lo estás pasando mal, pero siempre, siempre, te has sobrepuesto. Aunque nunca te sobrepondrás del todo si te sigues hurgando la herida, si sigues dando vueltas a lo mismo, si su nombre llena tu cabeza, haciéndote olvidar que hay más gente a tu lado.
Sal de esa espiral, por favor.
Deja a un lado tu idea de ser un ser solitario y coge nuestras manos, déjanos hacerte ver todo lo que se te ha vuelto gris, déjanos pintar tu mundo de colores. Y sí, sobreponte, pero apoyándote en quienes te quieren.
Y tú, ¿por qué quieres hacerte ese daño?
Sé que es duro, que duele, que te ahogas, pero sé también que saldrás adelante.
Pero tienes que darte cuenta que ciertas soluciones son peores que la enfermedad misma, que aunque creas que haces lo mejor, sólo te estás destrozando un poco más cada vez.
Saliste una vez, mi vida...Podrás salir todo lo que quieras.
Estoy a tu lado.
Por favor, abrid los ojos, enfrentáos a las cosas, por una vez. Ya tenéis la posibilidad negativa, sólo tenéis que buscar la forma de conseguir la positiva.
¿Por qué tenéis que hacerlo tan difícil, por qué os tiene que doler tanto?
¿Qué ganáis con ello?
Os he visto pasarlo mal, os he visto reír y llorar, pero desde hace un tiempo, sólo veo lágrimas en vuestros corazones, y son lágrimas que sólo vosotros os podéis evitar.
¿Por qué sigues anclado al pasado?¿Qué lo hace tan especial? ¡Mira a tu al rededor, esta es la vida real!
Y sí, lo vas a pasar mal, ya lo estás pasando mal, pero siempre, siempre, te has sobrepuesto. Aunque nunca te sobrepondrás del todo si te sigues hurgando la herida, si sigues dando vueltas a lo mismo, si su nombre llena tu cabeza, haciéndote olvidar que hay más gente a tu lado.
Sal de esa espiral, por favor.
Deja a un lado tu idea de ser un ser solitario y coge nuestras manos, déjanos hacerte ver todo lo que se te ha vuelto gris, déjanos pintar tu mundo de colores. Y sí, sobreponte, pero apoyándote en quienes te quieren.
Y tú, ¿por qué quieres hacerte ese daño?
Sé que es duro, que duele, que te ahogas, pero sé también que saldrás adelante.
Pero tienes que darte cuenta que ciertas soluciones son peores que la enfermedad misma, que aunque creas que haces lo mejor, sólo te estás destrozando un poco más cada vez.
Saliste una vez, mi vida...Podrás salir todo lo que quieras.
Estoy a tu lado.
Por favor, abrid los ojos, enfrentáos a las cosas, por una vez. Ya tenéis la posibilidad negativa, sólo tenéis que buscar la forma de conseguir la positiva.
jueves, 20 de octubre de 2011
11. Seamos todo lo que siempre quisimos ser...
Seamos las dos caras de la moneda que gira en el viento.
Seamos doncella y princesa.
Seamos ángel y demonio.
Seamos luz y oscuridad.
Seamos día y noche.
Dejemos atrás el tiempo, las lágrimas y los malos momentos, y ahoguémonos en los mejores instantes de nuestra vida.
Dejemos que el mundo gire, pero que el nuestro se detenga donde queramos pararlo, aunque vaya al contrario que el mundo real.
Dejemos que día y noche sean uno en nuestro interior, mientras desafiamos los límites de lo que siempre creímos normal.
Seamos diferentes del resto, no nos dejemos llevar por lo que digan.
Coge mi mano, que yo cogeré la tuya, y juntas, saldremos adelante.
Aunque ambas perdamos aquello que amamos más que a nuestra vida.
Aunque todas nuestras luchas acaben siendo en vano.
Aunque todos nuestros esfuerzos acaben por resultar inútiles...
...Siempre estaremos juntas, aunque haya algo que nos separe.
Porque tú ya eres parte de mi, y yo quiero ser parte de ti.
Para que así, algún día...brillemos juntas.
Seamos doncella y princesa.
Seamos ángel y demonio.
Seamos luz y oscuridad.
Seamos día y noche.
Dejemos atrás el tiempo, las lágrimas y los malos momentos, y ahoguémonos en los mejores instantes de nuestra vida.
Dejemos que el mundo gire, pero que el nuestro se detenga donde queramos pararlo, aunque vaya al contrario que el mundo real.
Dejemos que día y noche sean uno en nuestro interior, mientras desafiamos los límites de lo que siempre creímos normal.
Seamos diferentes del resto, no nos dejemos llevar por lo que digan.
Coge mi mano, que yo cogeré la tuya, y juntas, saldremos adelante.
Aunque ambas perdamos aquello que amamos más que a nuestra vida.
Aunque todas nuestras luchas acaben siendo en vano.
Aunque todos nuestros esfuerzos acaben por resultar inútiles...
...Siempre estaremos juntas, aunque haya algo que nos separe.
Porque tú ya eres parte de mi, y yo quiero ser parte de ti.
Para que así, algún día...brillemos juntas.
miércoles, 19 de octubre de 2011
1O. La máscara del Ángel.
Ella era la única que desentonaba en aquel baile.
Ella, con su imagen angelical, era la única que estaba sola en aquel baile de máscaras. Mientras, a su alrededor, todos bailaban en parejas, al son de aquella música recurrente y victoriana, cogiendo de la mano a la persona que les acompañaba.
Fantasmas de la mano de princesas medievales.
Caballeros de brillante armadura de plástico de la mano de Faraonas egipcias.
Demonios que bailaban de la mano con frustrados intentos de vampiresas.
Y, entre todos ellos, un solitario ángel que miraba todo desde al lado de la puerta, con un vaso de refresco en la mano, las alas contra la pared, y la mirada de sus ojos castaños en el suelo, tras la máscara de encaje blanco. Un paso de baile, dos, tres...ella los contaba, deseando con todo su ser tener una pareja con la que bailar aquella noche, alguien que no quisiera ser ni un caballero, ni un fantasma, ni un demonio.
Alguien...distinto a todos.
La música paró. Y también el sonido de pasos. Alzó la cabeza, extrañada, y vio que todos la miraban.
Como siempre, sacó la máscara, y sonrió.
No me lo puedo permitir, se dijo. Soy un ángel, y los ángeles nunca se muestran tristes o turbados, se dijo.
Sí...Tengo que seguir llevando mi máscara de sonrisa.
Ella, con su imagen angelical, era la única que estaba sola en aquel baile de máscaras. Mientras, a su alrededor, todos bailaban en parejas, al son de aquella música recurrente y victoriana, cogiendo de la mano a la persona que les acompañaba.
Fantasmas de la mano de princesas medievales.
Caballeros de brillante armadura de plástico de la mano de Faraonas egipcias.
Demonios que bailaban de la mano con frustrados intentos de vampiresas.
Y, entre todos ellos, un solitario ángel que miraba todo desde al lado de la puerta, con un vaso de refresco en la mano, las alas contra la pared, y la mirada de sus ojos castaños en el suelo, tras la máscara de encaje blanco. Un paso de baile, dos, tres...ella los contaba, deseando con todo su ser tener una pareja con la que bailar aquella noche, alguien que no quisiera ser ni un caballero, ni un fantasma, ni un demonio.
Alguien...distinto a todos.
La música paró. Y también el sonido de pasos. Alzó la cabeza, extrañada, y vio que todos la miraban.
Como siempre, sacó la máscara, y sonrió.
No me lo puedo permitir, se dijo. Soy un ángel, y los ángeles nunca se muestran tristes o turbados, se dijo.
Sí...Tengo que seguir llevando mi máscara de sonrisa.
martes, 18 de octubre de 2011
O9. Resulta...que soy suya.
Que lo fui desde casi la primera palabra. Que voy a estar siempre a su lado.
Que nunca voy a dejarlo solo.
Que siempre voy a estar ahí, tratando de hacerle sonreír.
Que pase lo que pase, me tendrá siempre aquí.
Que sólo él hace que todo sea distinto.
Que él llena con su música mis silencios.
Que son su palabras las que me hacen reír.
Que son sus miedos los que me preocupan más que los míos.
Que es a él a quien dedicaré gran parte de mis deseos en Nochevieja.
Que es a él a quien quiero ver feliz a toda costa.
Que no quiero un mundo en el que me falte él.
Que hay tantas cosas que quisiera decir y no puedo.
Que es único, especial, distinto.
Que es el chico más maravilloso del mundo.
Que quiero quedarme a su lado, me da igual el modo.
Que te quiero, como nunca imaginé que volvería a querer.
Pase lo que pase, lo que sea...Déjame quedarme a tu lado.
Let me go to Hell with you.
lunes, 17 de octubre de 2011
O8. Tu calor...
-La cabeza...me da mil vueltas...
Era verdad. El frío había hecho mella en ella, y eso, junto con el estrés, y sus defensas bajas, habían hecho el resto. La fiebre era cada vez más alta.
Muy a su pesar, se fue directa a casa. Nada más entrar, tiró de malas maneras la mochila al trastero, y subió a su habitación. Con ropa y todo, se metió en la cama, pero no pasaron ni treinta segundos hasta que la puerta de la habitación se abrió, y una sonrisa traviesa asomó por ella.
Y la chica sonrió.
-Ni medio minuto, ¿eh?
-Si mi caprichosa está malita, debería cuidar de ella, ¿no?
Ella rió.
-¡Pues empieza!
Se hizo a un lado, dejándolo espacio en la cama. Él se sentó junto a ella, agarrando su mano, mientras ambos se miraban.
-¿Fiebre?
-Eso es. Cambio de estación, resfriado seguro.
-Siempre igual.
-Calla y métete aquí.
Él la miró, alzando una ceja.
-Venga ya...
-En serio. Tengo...tengo frío.
Con una suave risa, se metió a su lado, abrazándola con cariño.
-¿Mejor?
Ella le abrazó, sonriendo.
-Mucho.
Pasaron horas. Él seguía abrazándola, y ella seguía abrazada a él. Con un suave movimiento, él le acarició la frente primero, y la mejilla después, con una risa.
-Tú no tienes fiebre. Tienes un calentón.
Indignada y roja, le propinó como pudo un suave codazo.
-¡Ya quisieras!
Rieron, y luego volvieron a mirarse. Casi sin darse cuenta, se acercaron más el uno a la otra. Casi de repente, sus labios se fundieron en un suave beso.
Las manos de él recorrieron entonces las curvas de la chica, sobre sus leggings de cuero y su camiseta larga, hasta hundirse en su pelo, mientras ella acariciaba suavemente su espalda, hasta llegar a su trasero y agarrarlo con suavidad.
Poco después, bajo el edredón de plumas, él estaba sobre ella, besándola en los labios, con pasión, casi con urgencia, mientras masajeaba uno de sus pechos con lentitud, agarrándolo suavemente, mientras ella rozaba la piel de su espalda, bajo la camiseta negra del chico.
Pasaron un buen rato así, tocándose por encima de la ropa, hasta que pensaron que iba sobrando. Sin dejar de besarla, el chico la incorporó, y, despacio, sin prisas, le quitó la camiseta. La miró, sonriendo. Aquel sostén de frutas la hacía más inocente incluso de lo que era ya. Ella se tapó un poco, sonrojada, y la sonrisa del chico se ensanchó. La hizo quitar suavemente las manos, y, dejando por el momento el sostén donde estaba, le quitó los leggings. Como esperaba, era el conjunto de frutas que se compró días atrás, cuando lo arrastró de compras. La dejó así mientras ella, aún tímida, empezaba a quitarle la camiseta, y a desabrocharle los vaqueros, dejando a la vista unos abultados boxer negros. Los miró, sonrojada, y luego lo miró a él.
Él cogió su mano, mirándola.
-¿Quieres hacerlo?
Sin pensarlo, algo asustada, pero completamente segura, asintió.
Él la tumbó en la cama, besándola, y, tras besar sus labios y su cuello, se deshizo del sostén, y besó sus dos pechos, jugueteando luego con los pezones. Ella, roja hasta la raíz del pelo, gimió bajito. Él succionó un poco sobre el pecho izquierdo, a la altura del corazón, hasta dejar una marca en ella. Luego, bajó los besos por su vientre, hasta el sexo de ella, rozándolo con un dedo por encima de las braguitas, que, despacio, se humedecieron. Entre gemidos de ella, la desvistió del todo, hundiendo luego su boca en su vagina, lamiéndola toda, jugando con su clítoris. La notó arquearse en muchos momentos, y, luego, ella, decidida, tomó la iniciativa, y las tornas cambiaron. Él, tumbado, la sintió lamer su miembro, mientras notaba como su lengua mojaba toda su erección. Llegó un momento en que ninguno pudo aguantar más, y ella, aún arriba, se metió lentamente su miembro, que, una vez dentro, se empezó a mojar. Tras unos minutos de quietud, lentamente, ella empezó a moverse, alante y atrás, despacio, para luego dar pequeños saltitos sobre él. Ambos gemían y disfrutaban del cuerpo del otro. Él apretaba suavemente sus pechos, no sin deseo, pero sí con cuidado. Ella se iba amoldando más a él, mientras sus caderas se empezaban a mover solas. Pasaron minutos y horas el uno dentro de la otra, casi era como si fuesen insaciables.
Al amanecer, ambos cayeron rendidos. Con sus sudorosos cuerpos aún enlazados, se volvieron a besar. Él colocó una mano en la frente de ella, que ardía. Con una leve sonrisa, susurró.
-Creo que ni tú ni yo iremos a clase hoy.
Sonriendo, ella le besó en los labios.
Era verdad. El frío había hecho mella en ella, y eso, junto con el estrés, y sus defensas bajas, habían hecho el resto. La fiebre era cada vez más alta.
Muy a su pesar, se fue directa a casa. Nada más entrar, tiró de malas maneras la mochila al trastero, y subió a su habitación. Con ropa y todo, se metió en la cama, pero no pasaron ni treinta segundos hasta que la puerta de la habitación se abrió, y una sonrisa traviesa asomó por ella.
Y la chica sonrió.
-Ni medio minuto, ¿eh?
-Si mi caprichosa está malita, debería cuidar de ella, ¿no?
Ella rió.
-¡Pues empieza!
Se hizo a un lado, dejándolo espacio en la cama. Él se sentó junto a ella, agarrando su mano, mientras ambos se miraban.
-¿Fiebre?
-Eso es. Cambio de estación, resfriado seguro.
-Siempre igual.
-Calla y métete aquí.
Él la miró, alzando una ceja.
-Venga ya...
-En serio. Tengo...tengo frío.
Con una suave risa, se metió a su lado, abrazándola con cariño.
-¿Mejor?
Ella le abrazó, sonriendo.
-Mucho.
Pasaron horas. Él seguía abrazándola, y ella seguía abrazada a él. Con un suave movimiento, él le acarició la frente primero, y la mejilla después, con una risa.
-Tú no tienes fiebre. Tienes un calentón.
Indignada y roja, le propinó como pudo un suave codazo.
-¡Ya quisieras!
Rieron, y luego volvieron a mirarse. Casi sin darse cuenta, se acercaron más el uno a la otra. Casi de repente, sus labios se fundieron en un suave beso.
Las manos de él recorrieron entonces las curvas de la chica, sobre sus leggings de cuero y su camiseta larga, hasta hundirse en su pelo, mientras ella acariciaba suavemente su espalda, hasta llegar a su trasero y agarrarlo con suavidad.
Poco después, bajo el edredón de plumas, él estaba sobre ella, besándola en los labios, con pasión, casi con urgencia, mientras masajeaba uno de sus pechos con lentitud, agarrándolo suavemente, mientras ella rozaba la piel de su espalda, bajo la camiseta negra del chico.
Pasaron un buen rato así, tocándose por encima de la ropa, hasta que pensaron que iba sobrando. Sin dejar de besarla, el chico la incorporó, y, despacio, sin prisas, le quitó la camiseta. La miró, sonriendo. Aquel sostén de frutas la hacía más inocente incluso de lo que era ya. Ella se tapó un poco, sonrojada, y la sonrisa del chico se ensanchó. La hizo quitar suavemente las manos, y, dejando por el momento el sostén donde estaba, le quitó los leggings. Como esperaba, era el conjunto de frutas que se compró días atrás, cuando lo arrastró de compras. La dejó así mientras ella, aún tímida, empezaba a quitarle la camiseta, y a desabrocharle los vaqueros, dejando a la vista unos abultados boxer negros. Los miró, sonrojada, y luego lo miró a él.
Él cogió su mano, mirándola.
-¿Quieres hacerlo?
Sin pensarlo, algo asustada, pero completamente segura, asintió. Él la tumbó en la cama, besándola, y, tras besar sus labios y su cuello, se deshizo del sostén, y besó sus dos pechos, jugueteando luego con los pezones. Ella, roja hasta la raíz del pelo, gimió bajito. Él succionó un poco sobre el pecho izquierdo, a la altura del corazón, hasta dejar una marca en ella. Luego, bajó los besos por su vientre, hasta el sexo de ella, rozándolo con un dedo por encima de las braguitas, que, despacio, se humedecieron. Entre gemidos de ella, la desvistió del todo, hundiendo luego su boca en su vagina, lamiéndola toda, jugando con su clítoris. La notó arquearse en muchos momentos, y, luego, ella, decidida, tomó la iniciativa, y las tornas cambiaron. Él, tumbado, la sintió lamer su miembro, mientras notaba como su lengua mojaba toda su erección. Llegó un momento en que ninguno pudo aguantar más, y ella, aún arriba, se metió lentamente su miembro, que, una vez dentro, se empezó a mojar. Tras unos minutos de quietud, lentamente, ella empezó a moverse, alante y atrás, despacio, para luego dar pequeños saltitos sobre él. Ambos gemían y disfrutaban del cuerpo del otro. Él apretaba suavemente sus pechos, no sin deseo, pero sí con cuidado. Ella se iba amoldando más a él, mientras sus caderas se empezaban a mover solas. Pasaron minutos y horas el uno dentro de la otra, casi era como si fuesen insaciables.
Al amanecer, ambos cayeron rendidos. Con sus sudorosos cuerpos aún enlazados, se volvieron a besar. Él colocó una mano en la frente de ella, que ardía. Con una leve sonrisa, susurró.
-Creo que ni tú ni yo iremos a clase hoy.
Sonriendo, ella le besó en los labios.
O7. Tenemos que seguir peleando.
Por que tú eres fuerte, y yo lo soy gracias a ti.
Sé que nuestras luchas individuales pueden ser duras, y que tal vez nos cueste salir adelante a veces. A mi, al menos, me cuesta a veces. Y a ti, sé que también.
Pero siempre, SIEMPRE, voy a estar a tu lado, tendiéndote la mano cada vez que caigas, para ayudarte a levantarte, con una sonrisa, que tanto dices que te gusta.
Y también lo estaré cuando sonrías, y veas el mundo tan brillante como lo veo yo cuando recuerdo que tú y ellos tres estáis en este mundo, dándole color.
Pero quiero que sepas que tenemos que seguir peleando. Que siempre pelearemos para conseguir todo lo que pueda hacer feliz a la gente que queremos. Yo pelearé por hacerte feliz a ti, por verle sonreír a él, y por saber que los cuatro estaréis bien siempre.
Pero tú...Pelea por ti. Por todos los que quieres, sí, pero sobre todo por ti, porque sé que eres de las personas que piensan que deben conseguir su felicidad por sí mismas.
Te admiro mucho, no sólo por todo lo que has hecho por mi, sino por todo lo que me has enseñado. Gracias a ti, he aprendido que, pase lo que pase, hay que salir adelante con una sonrisa, aunque cueste. Y que nada ni nadie se merece mis lágrimas, aunque sigo penando que hay quienes sí. Que hay que tener paciencia, pero, sobre todo, que hay que luchar para conseguir lo que se quiere, y para proteger a quienes se quiere.
Mi preciosa pelirroja, mi hermana, mi amiga, mi maestra en muchos sentidos...Ni todas las palabras del mundo podrían llegar a la altura que tú alcanzas. No quiero perderte, nunca, pase lo que pase, incluso aunque mi pesadilla de anoche se cumpliera.
Te quiero, te quiero muchísimo. Nunca cambies, nunca pierdas esa sonrisa, nunca te vayas de mi lado, porque, si lo haces, será como haber perdido uno de los cuatro pilares que me sustentan.
TE AMO.
Sé que nuestras luchas individuales pueden ser duras, y que tal vez nos cueste salir adelante a veces. A mi, al menos, me cuesta a veces. Y a ti, sé que también.
Pero siempre, SIEMPRE, voy a estar a tu lado, tendiéndote la mano cada vez que caigas, para ayudarte a levantarte, con una sonrisa, que tanto dices que te gusta.
Y también lo estaré cuando sonrías, y veas el mundo tan brillante como lo veo yo cuando recuerdo que tú y ellos tres estáis en este mundo, dándole color.
Pero quiero que sepas que tenemos que seguir peleando. Que siempre pelearemos para conseguir todo lo que pueda hacer feliz a la gente que queremos. Yo pelearé por hacerte feliz a ti, por verle sonreír a él, y por saber que los cuatro estaréis bien siempre.
Pero tú...Pelea por ti. Por todos los que quieres, sí, pero sobre todo por ti, porque sé que eres de las personas que piensan que deben conseguir su felicidad por sí mismas.
Te admiro mucho, no sólo por todo lo que has hecho por mi, sino por todo lo que me has enseñado. Gracias a ti, he aprendido que, pase lo que pase, hay que salir adelante con una sonrisa, aunque cueste. Y que nada ni nadie se merece mis lágrimas, aunque sigo penando que hay quienes sí. Que hay que tener paciencia, pero, sobre todo, que hay que luchar para conseguir lo que se quiere, y para proteger a quienes se quiere.
Mi preciosa pelirroja, mi hermana, mi amiga, mi maestra en muchos sentidos...Ni todas las palabras del mundo podrían llegar a la altura que tú alcanzas. No quiero perderte, nunca, pase lo que pase, incluso aunque mi pesadilla de anoche se cumpliera.
Te quiero, te quiero muchísimo. Nunca cambies, nunca pierdas esa sonrisa, nunca te vayas de mi lado, porque, si lo haces, será como haber perdido uno de los cuatro pilares que me sustentan.
TE AMO.
domingo, 16 de octubre de 2011
O6. Una vez más, una y otra vez.
La solitaria busca un sueño imposible.
Tiene demasiadas cosas en la cabeza,
y eso la perturba, eso la perturba.
Siempre diciendo "todo irá bien",
pero, ¿a dónde la llevaron esas palabras?
Un error. Otro error más. Cuando encuentre su error, girará una vez más."¡Otra vez, una vez más! Hoy lo intentaré de nuevo."
Se dice la chica, eso se dice, mientras juega con el significado de esas palabras."¿Te sientes mejor?""Todavía no, no acabo de encontrarle sentido a esto. Dejaré de respirar...ahora."La chica solitaria está al límite,
pero sigue sin ver el último color...
Voces que resuenan en su interior,
hablan todas a la vez, todas a la vez...
Siempre decía "todo irá bien",
pero, ¿dónde están ahora esas palabras?
Lo que pase, ya da igual, aún tratándose de subir una colina, siempre lo haré mal.
De alguna forma, me sigo moviendo."
Eso decía, lo decía, jugando con el significado oculto de las palabras. "¿Te sientes mejor?" "No del todo aún, pronto te mostraré algo, pero, por ahora, dejaré de respirar."
"Otra vez, una vez más, hoy también
voy a intentarlo."
Dice la chica, eso dice,
mientras en su cara se dibuja una pequeña sonrisa.
"¿Te sientes mejor?"
"Sólo un poco..."
"Debes estar cansada, ¿no?"
Dejaré de respirar...ahora.
sábado, 15 de octubre de 2011
O5. Overprotected ~ Forbidden Fruit.
Me pregunto si acabarán por descubrirnos. Si esta noche será la última que pase entre tus brazos.
No te lo preguntes. Sólo intenta aprovechar esta noche como si fuera la última.
Tengo miedo de no poder fundirme de nuevo contigo.
No permitiré que eso pase. Nunca.
Júramelo. Júrame que no permitiremos que nada ni nadie nos separe, nunca.
No dejaré que nada ni nadie nos separe. Y, si nos separamos, volveremos a estar juntos algún día.
Te quiero...
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
¿Cómo empezó todo...?
Recuerdo el sol. Era un sol de justicia, que me estaba abrasando la piel. Sin embargo, me sentía a gusto. En la terraza había algo de sombra, y yo me había atrincherado allí, a mirar el cielo, como solía hacer siempre.
Pero esa tarde me preguntaba si él también lo estaría mirando desde su habitación.
No sabría decir cuándo empecé a sentir lo que siento. No me di cuenta hasta que aquella noche, mientras él me tenía cogida de la mano en mi cama, mientras rebosaba de fiebre por culpa de mi corazón.
Sí...Fue esa noche cuando me di cuenta de que él significaba demasiado para mi.
Mi otra mitad. Mi mundo. Él. Siempre él.
Aquella noche, me negué a soltar su mano. Y él se quedó a mi lado hasta el amanecer, apretándola con suavidad, mientras acariciaba mi pelo y me susurraba palabras que, para mi, eran simplemente las más hermosas.
Mi hermano, mi amigo...Mi tentación.
No sé por qué surgió este sentimiento. Por qué no dejo de pensar en él. Por qué le amo tanto.
No entiendo por qué estas ansias de probarle, aunque eso implique morder la fruta prohibida.
No te lo preguntes. Sólo intenta aprovechar esta noche como si fuera la última.
Tengo miedo de no poder fundirme de nuevo contigo.
No permitiré que eso pase. Nunca.
Júramelo. Júrame que no permitiremos que nada ni nadie nos separe, nunca.
No dejaré que nada ni nadie nos separe. Y, si nos separamos, volveremos a estar juntos algún día.
Te quiero...
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
¿Cómo empezó todo...?
Recuerdo el sol. Era un sol de justicia, que me estaba abrasando la piel. Sin embargo, me sentía a gusto. En la terraza había algo de sombra, y yo me había atrincherado allí, a mirar el cielo, como solía hacer siempre.
Pero esa tarde me preguntaba si él también lo estaría mirando desde su habitación.
No sabría decir cuándo empecé a sentir lo que siento. No me di cuenta hasta que aquella noche, mientras él me tenía cogida de la mano en mi cama, mientras rebosaba de fiebre por culpa de mi corazón.
Sí...Fue esa noche cuando me di cuenta de que él significaba demasiado para mi.
Mi otra mitad. Mi mundo. Él. Siempre él.
Aquella noche, me negué a soltar su mano. Y él se quedó a mi lado hasta el amanecer, apretándola con suavidad, mientras acariciaba mi pelo y me susurraba palabras que, para mi, eran simplemente las más hermosas.
Mi hermano, mi amigo...Mi tentación.
No sé por qué surgió este sentimiento. Por qué no dejo de pensar en él. Por qué le amo tanto.
No entiendo por qué estas ansias de probarle, aunque eso implique morder la fruta prohibida.
viernes, 14 de octubre de 2011
jueves, 13 de octubre de 2011
O3. Palabras que se callan...
Asesina.
Un calificativo que va mucho conmigo.
Sí, era una asesina. La mejor asesina a sueldo jamás conocida en el mundo. Y, además de eso, trabajaba como camarera, actriz, cantante de bar y unas cuantas cosas más.
Y todo eso con diecisiete años. No está mal, ¿verdad?
Mi historia no es nada extravagante, rara ni terrorífica, pero sí algo triste.
Debo empezar por decir que provengo de toda una dinastía de asesinos, los mejores asesinos de toda la Vigilia, que llevaban trabajando al servicio de quien mejor les pagara desde los tiempos de Matusalén, más o menos. Así que mejor no extrañarse de que sea una asesina, en mi entorno eso era algo de lo más normal.
Pero no era una simple asesina.
Era “la asesina”. Mi nombre era respetado y temido por todos los que habían oído hablar de mí, si es que no lo habían olvidado, claro.
Eso era lo peor de todo. A pesar de hablar con todo el que me rodeaba, si no volvía a verlos en un tiempo, se olvidaban de mí.
Y eso me hacía sentir tremendamente sola.
Hasta que llegó Mark.
Mark era un chico de mi misma edad, al que conocí casualmente tras volver al cuartel después de un asesinato por el cual me habían pagado un buen dineral, que pensaba fundirme en algún capricho, como, por ejemplo, toda una biblioteca para mí solita.
Pues bien, tras haber vuelto y puesto al corriente a mi jefe, o mejor dicho, mi padre, salí al jardín, donde lo vi trabajando con un seto al que intentaba dar alguna forma, que yo aún no identificaba. Me acerqué a él, curiosa, y él me miró, sonriendo tímidamente.
-¿Qué es?-pregunté, señalando al matorral.
-Un delfín. He pensado que, como aquí tenéis una fuente enorme, pegaría bastante, ¿no crees?
Yo asentí, sonriendo.
-No tienes acento de la zona. ¿De dónde vienes?-le pregunté.
-De aquí mismo. Nací aquí, pero mis padres son extranjeros, y, aunque hable el idioma con bastante fluidez, aun no tengo el acento.- me explicó.-¿Y tú, eres de aquí?
-Claro. Mi padre es el dueño de todo esto.
De pronto, se puso tenso, y algo pálido.
-¿Te pasa algo?-pregunté, preocupada.
Al cabo de unos segundos, se recuperó.
-No es nada. Ha sido un golpe de calor, me suelo poner así cuando me dan.
-¿Pero estás bien?
-Sí, tranquila.-me dijo.- ¿Puedo saber tu nombre?
Yo sonreí, con tristeza.
-Se te olvidará enseguida.
-No lo sabrás si no me lo dices.
Inspiré profundamente, y le dije, sonriendo:
-Me llamo Leyre.
El me devolvió la sonrisa, mirándome con unos ojos verdes de los que no me había percatado, y que chispeaban amistosamente.
-Yo soy Mark.
Pasamos casi todo el día hablando. Mark me habló sobre sus padres, sus dos hermanos pequeños, su casita a las afueras de la ciudad, y un montón de cosas, mientras llenaba el jardín de delfines, estrellas de mar y peces en general.
A la llegada del crepúsculo, nos despedimos. Me preguntó qué haría al día siguiente.
-Pues, como todas las chicas de mi edad, ir al instituto, hacer los deberes, y salir, si encarta. ¿Y tú, Mark?
-Yo estaré aquí a medio día, me toca adecentar el jardín del ala oeste. ¿Nos veremos mañana?
-Claro que sí.
Mark se fue, agitando la mano, y yo le despedí de la misma manera.
Desde ese día, Mark y yo éramos casi inseparables. Al contrario de lo que había pensado, nunca se olvidó de mí. Pasábamos las horas muertas hablando, y, cuando yo tenía algún trabajo, le ponía la excusa de que una amiga me había llamado para que fuera a ayudarla con una asignatura que no se le daba bien, para que así no sospechara. Y los meses pasaron sin sentirse, hasta que llegó el día de mi décimo octavo cumpleaños.
Aquel día era festivo, por lo que no había instituto, y me tocaría recibir regalos y felicitaciones, poner cara de alegría y aguantarme hasta que Mark llegase.
Pensé que no podría aguantar hasta medio día, pero no tuve que hacerlo. Porque delante mía, tras una ventana, estaba Mark, haciéndome señas para que saliera y me reuniera con él.
Así que me quité de encima a unas cuantas personas, y salí fuera como alma que lleva el diablo, contenta de poder librarme de ese barullo.
Mark me recibió con una sonrisa, y me dijo:
-Te he traído una sorpresa.
-Oye, Mark, te dije que no se te ocurriera comprarme nada.
-¿Quién ha dicho que te lo haya comprado?
Lo miré, interrogante, y él sacó algo de su bolsillo, un trozo de tela opaca, y me vendó los ojos con ella. Luego, me cogió la mano, y dijo:
-Acompáñame.
-¿A dónde me llevas, Mark?
-Al Jardín del Edén.
Yo me reí, pensando que era una de sus bromas. Pero llegamos a algún lugar y él me quitó la venda.
Los ojos se me llenaron de lágrimas.
Aquello verdaderamente era el Jardín del Edén.
Era el jardín más grande de todos los que teníamos en casa. Había estado hecho un asco durante mucho tiempo. Y, sin embargo, en a penas unos meses, Mark lo había convertido en el más bello de los jardines, plagándolo de rosas, azucenas, tulipanes y todas las flores más hermosas del mundo. En el centro del jardín había crecido un cerezo, cuyas flores rosáceas se abrían al mundo. El único elemento artificial de ese jardín era un banco de metal pintado de blanco, situado bajo el cerezo. Mark, al ver que no reaccionaba, me cogió de la mano, y tiró de mí hacia el banco, hasta que me sentó en él, y se puso a mi lado.
-¿Qué te parece? ¿Te gusta?-me preguntó.
-Es…es…hermoso-respondí, recuperando el habla-¿Cómo…? ¿Cuándo…?
-Lo empecé al día siguiente de conocerte. No sabía cuando sería tu cumpleaños, y yo quería hacerte un buen regalo, así que me puse a trabajar en seguida…y el trabajo dio sus frutos.
-Es…maravilloso…-susurré.
-Este jardín es especial. Por eso, es mi regalo. Para que recuerdes que siempre estaré contigo.
Mark me abrazó, y yo, que no me lo esperaba, me quedé quieta, pero enseguida correspondí a su abrazo.
Estuvimos un rato así, abrazados, hasta que mi corazón, que había empezado a latir desenfrenadamente en cuanto me tocó, se calmó un poco. Entonces, cuando ya pude hablar, le dije:
-Oye, Mark, hay algo que deberías saber…
Él asintió, sin dejar de abrazarme.
-Yo…no me llamo Leyre.
Se separó de mí, mirándome de una forma como nunca antes nadie me había mirado.
-¿Puedo saber tu nombre?- me dijo, igual que la primera vez que hablamos.
Con la misma sonrisa.
-Me llamo…Ninette.
Él asintió, y me volvió a abrazar.
-Puestos a ser sinceros-me dijo-Yo tengo que decirte algo también.
Al igual que él había hecho, yo asentí, sin soltarlo.
-Quiero que sepas…que me enamoré de ti nada más conocerte. No debería haber pasado, pero ha pasado. Y no me arrepiento.
-¿Por qué…?-empecé a decir, pero él me selló los labios con los suyos.
Y me rendí a ese beso, como si no hubiera otra cosa en el mundo.
Y, cuando nos separamos, me abrazó por tercera vez, y me susurró al oído:
-Perdóname.
Se separó de mí, se levantó, y se fue.
Al día siguiente, no apareció, a pesar de que lo estuve esperando todo el día.
Ni al siguiente.
Y, a los dos días, me encargaron una misión.
Tenía que eliminar a un espía de la competencia, que se había infiltrado en nuestra base haciéndose pasar por jardinero, con el propósito de recopilar información y robarnos los más mortales secretos.
Aquel espía era Mark.
Sentí que el mundo se hacía pedazos, y me sentí engañada y traicionada. Mark, mi único amigo, la única persona que no me había olvidado…era mi enemigo.
A pesar del dolor, acepté la misión.
Y partí en su busca, a la ciudad vecina, donde se había ocultado. Me acompañó uno de los hombres de confianza de mi padre.
Lo encontramos casi en seguida, pero no huyó. Se limitó a pedirnos que lo siguiéramos, y nos llevó a las afueras de la ciudad.
Tenía un nudo en el pecho y en la garganta, que no me dejaba hablar.
Cuando llegamos, por fin el nudo desapareció, y pude decir, aunque en voz muy baja.
-¿Por qué, Mark?
Él suspiró, y, sin mirarme, respondió.
-Uno de los hombres de tu padre asesinó a mi familia delante mía cuando tenía once años. Yo me salvé porque estaba escondido en el armario de las toallas. Luego, llegaron mis jefes, diciendo que se vengarían por mí. Y, hace unos meses me encomendaron esta misión. Pensé que me vengaría, que mataría a toda la familia del jefe de ese asesino ante sus propios ojos. Pero te conocí, y me enamoré de ti.
-¡¡¡Deja de mentirme!!!-aullé.
-Eso no es mentira. Me enamoré de ti, y eso truncó todos mis planes de venganza. A estas alturas, ya no les soy útil a mis jefes, y no tengo a nadie. Así que, si muero, a nadie le importará.
Caí de rodillas en el suelo, llorando.
-Sí que me importará. Si te pierdo, me quedaré sola. No quiero estar sola otra vez, quiero estar contigo. Podrías haber renunciado a tu venganza, podríamos habernos quedado juntos…
>Yo también te quiero, maldita sea, te quiero. ¿A caso no te importan mis sentimientos?
Se acercó a mí, se agachó, y me secó las lágrimas con sus dedos.
-No puedo ni pensar en quedarme a tu lado después de todo el daño que te he hecho.
Se levantó, y se puso frente al hombre que me acompañaba, abriendo los brazos, desarmado.
Supe el momento exacto en que mi compañero disparó. Me levanté, y me interpuse entre la bala y Mark.
Y la bala me dio en pleno pulmón.
Caí al suelo, y aún alcancé a oír un segundo disparo, pero que salía de al lado mía, y oí el cuerpo de mi compañero caer pesadamente al suelo.
Luego sentí los brazos de Mark rodeándome, y llamándome desesperadamente por mi nombre, mi verdadero nombre.
Abrí los ojos tanto como pude, alcé la mano, y le acaricié el rostro.
-Mark…-alcancé a susurrar.
Lo último que escuché fue un sollozo desesperado.
Lo último que vi fue el rostro de Mark, pálido e infinitamente triste.
Lo último que sentí fue una lágrima que cayó en mi mejilla.
Y, desde ahí, todo está oscuro…
Un calificativo que va mucho conmigo.
Sí, era una asesina. La mejor asesina a sueldo jamás conocida en el mundo. Y, además de eso, trabajaba como camarera, actriz, cantante de bar y unas cuantas cosas más.
Y todo eso con diecisiete años. No está mal, ¿verdad?
Mi historia no es nada extravagante, rara ni terrorífica, pero sí algo triste.
Debo empezar por decir que provengo de toda una dinastía de asesinos, los mejores asesinos de toda la Vigilia, que llevaban trabajando al servicio de quien mejor les pagara desde los tiempos de Matusalén, más o menos. Así que mejor no extrañarse de que sea una asesina, en mi entorno eso era algo de lo más normal.
Pero no era una simple asesina.
Era “la asesina”. Mi nombre era respetado y temido por todos los que habían oído hablar de mí, si es que no lo habían olvidado, claro.
Eso era lo peor de todo. A pesar de hablar con todo el que me rodeaba, si no volvía a verlos en un tiempo, se olvidaban de mí.
Y eso me hacía sentir tremendamente sola.
Hasta que llegó Mark.
Mark era un chico de mi misma edad, al que conocí casualmente tras volver al cuartel después de un asesinato por el cual me habían pagado un buen dineral, que pensaba fundirme en algún capricho, como, por ejemplo, toda una biblioteca para mí solita.
Pues bien, tras haber vuelto y puesto al corriente a mi jefe, o mejor dicho, mi padre, salí al jardín, donde lo vi trabajando con un seto al que intentaba dar alguna forma, que yo aún no identificaba. Me acerqué a él, curiosa, y él me miró, sonriendo tímidamente.
-¿Qué es?-pregunté, señalando al matorral.
-Un delfín. He pensado que, como aquí tenéis una fuente enorme, pegaría bastante, ¿no crees?
Yo asentí, sonriendo.
-No tienes acento de la zona. ¿De dónde vienes?-le pregunté.
-De aquí mismo. Nací aquí, pero mis padres son extranjeros, y, aunque hable el idioma con bastante fluidez, aun no tengo el acento.- me explicó.-¿Y tú, eres de aquí?
-Claro. Mi padre es el dueño de todo esto.
De pronto, se puso tenso, y algo pálido.
-¿Te pasa algo?-pregunté, preocupada.
Al cabo de unos segundos, se recuperó.
-No es nada. Ha sido un golpe de calor, me suelo poner así cuando me dan.
-¿Pero estás bien?
-Sí, tranquila.-me dijo.- ¿Puedo saber tu nombre?
Yo sonreí, con tristeza.
-Se te olvidará enseguida.
-No lo sabrás si no me lo dices.
Inspiré profundamente, y le dije, sonriendo:
-Me llamo Leyre.
El me devolvió la sonrisa, mirándome con unos ojos verdes de los que no me había percatado, y que chispeaban amistosamente.
-Yo soy Mark.
Pasamos casi todo el día hablando. Mark me habló sobre sus padres, sus dos hermanos pequeños, su casita a las afueras de la ciudad, y un montón de cosas, mientras llenaba el jardín de delfines, estrellas de mar y peces en general.
A la llegada del crepúsculo, nos despedimos. Me preguntó qué haría al día siguiente.
-Pues, como todas las chicas de mi edad, ir al instituto, hacer los deberes, y salir, si encarta. ¿Y tú, Mark?
-Yo estaré aquí a medio día, me toca adecentar el jardín del ala oeste. ¿Nos veremos mañana?
-Claro que sí.
Mark se fue, agitando la mano, y yo le despedí de la misma manera.
Desde ese día, Mark y yo éramos casi inseparables. Al contrario de lo que había pensado, nunca se olvidó de mí. Pasábamos las horas muertas hablando, y, cuando yo tenía algún trabajo, le ponía la excusa de que una amiga me había llamado para que fuera a ayudarla con una asignatura que no se le daba bien, para que así no sospechara. Y los meses pasaron sin sentirse, hasta que llegó el día de mi décimo octavo cumpleaños.
Aquel día era festivo, por lo que no había instituto, y me tocaría recibir regalos y felicitaciones, poner cara de alegría y aguantarme hasta que Mark llegase.
Pensé que no podría aguantar hasta medio día, pero no tuve que hacerlo. Porque delante mía, tras una ventana, estaba Mark, haciéndome señas para que saliera y me reuniera con él.
Así que me quité de encima a unas cuantas personas, y salí fuera como alma que lleva el diablo, contenta de poder librarme de ese barullo.
Mark me recibió con una sonrisa, y me dijo:
-Te he traído una sorpresa.
-Oye, Mark, te dije que no se te ocurriera comprarme nada.
-¿Quién ha dicho que te lo haya comprado?
Lo miré, interrogante, y él sacó algo de su bolsillo, un trozo de tela opaca, y me vendó los ojos con ella. Luego, me cogió la mano, y dijo:
-Acompáñame.
-¿A dónde me llevas, Mark?
-Al Jardín del Edén.
Yo me reí, pensando que era una de sus bromas. Pero llegamos a algún lugar y él me quitó la venda.
Los ojos se me llenaron de lágrimas.
Aquello verdaderamente era el Jardín del Edén.
Era el jardín más grande de todos los que teníamos en casa. Había estado hecho un asco durante mucho tiempo. Y, sin embargo, en a penas unos meses, Mark lo había convertido en el más bello de los jardines, plagándolo de rosas, azucenas, tulipanes y todas las flores más hermosas del mundo. En el centro del jardín había crecido un cerezo, cuyas flores rosáceas se abrían al mundo. El único elemento artificial de ese jardín era un banco de metal pintado de blanco, situado bajo el cerezo. Mark, al ver que no reaccionaba, me cogió de la mano, y tiró de mí hacia el banco, hasta que me sentó en él, y se puso a mi lado.
-¿Qué te parece? ¿Te gusta?-me preguntó.
-Es…es…hermoso-respondí, recuperando el habla-¿Cómo…? ¿Cuándo…?
-Lo empecé al día siguiente de conocerte. No sabía cuando sería tu cumpleaños, y yo quería hacerte un buen regalo, así que me puse a trabajar en seguida…y el trabajo dio sus frutos.
-Es…maravilloso…-susurré.
-Este jardín es especial. Por eso, es mi regalo. Para que recuerdes que siempre estaré contigo.
Mark me abrazó, y yo, que no me lo esperaba, me quedé quieta, pero enseguida correspondí a su abrazo.
Estuvimos un rato así, abrazados, hasta que mi corazón, que había empezado a latir desenfrenadamente en cuanto me tocó, se calmó un poco. Entonces, cuando ya pude hablar, le dije:
-Oye, Mark, hay algo que deberías saber…
Él asintió, sin dejar de abrazarme.
-Yo…no me llamo Leyre.
Se separó de mí, mirándome de una forma como nunca antes nadie me había mirado.
-¿Puedo saber tu nombre?- me dijo, igual que la primera vez que hablamos.
Con la misma sonrisa.
-Me llamo…Ninette.
Él asintió, y me volvió a abrazar.
-Puestos a ser sinceros-me dijo-Yo tengo que decirte algo también.
Al igual que él había hecho, yo asentí, sin soltarlo.
-Quiero que sepas…que me enamoré de ti nada más conocerte. No debería haber pasado, pero ha pasado. Y no me arrepiento.
-¿Por qué…?-empecé a decir, pero él me selló los labios con los suyos.
Y me rendí a ese beso, como si no hubiera otra cosa en el mundo.
Y, cuando nos separamos, me abrazó por tercera vez, y me susurró al oído:
-Perdóname.
Se separó de mí, se levantó, y se fue.
Al día siguiente, no apareció, a pesar de que lo estuve esperando todo el día.
Ni al siguiente.
Y, a los dos días, me encargaron una misión.
Tenía que eliminar a un espía de la competencia, que se había infiltrado en nuestra base haciéndose pasar por jardinero, con el propósito de recopilar información y robarnos los más mortales secretos.
Aquel espía era Mark.
Sentí que el mundo se hacía pedazos, y me sentí engañada y traicionada. Mark, mi único amigo, la única persona que no me había olvidado…era mi enemigo.
A pesar del dolor, acepté la misión.
Y partí en su busca, a la ciudad vecina, donde se había ocultado. Me acompañó uno de los hombres de confianza de mi padre.
Lo encontramos casi en seguida, pero no huyó. Se limitó a pedirnos que lo siguiéramos, y nos llevó a las afueras de la ciudad.
Tenía un nudo en el pecho y en la garganta, que no me dejaba hablar.
Cuando llegamos, por fin el nudo desapareció, y pude decir, aunque en voz muy baja.
-¿Por qué, Mark?
Él suspiró, y, sin mirarme, respondió.
-Uno de los hombres de tu padre asesinó a mi familia delante mía cuando tenía once años. Yo me salvé porque estaba escondido en el armario de las toallas. Luego, llegaron mis jefes, diciendo que se vengarían por mí. Y, hace unos meses me encomendaron esta misión. Pensé que me vengaría, que mataría a toda la familia del jefe de ese asesino ante sus propios ojos. Pero te conocí, y me enamoré de ti.
-¡¡¡Deja de mentirme!!!-aullé.
-Eso no es mentira. Me enamoré de ti, y eso truncó todos mis planes de venganza. A estas alturas, ya no les soy útil a mis jefes, y no tengo a nadie. Así que, si muero, a nadie le importará.
Caí de rodillas en el suelo, llorando.
-Sí que me importará. Si te pierdo, me quedaré sola. No quiero estar sola otra vez, quiero estar contigo. Podrías haber renunciado a tu venganza, podríamos habernos quedado juntos…
>Yo también te quiero, maldita sea, te quiero. ¿A caso no te importan mis sentimientos?
Se acercó a mí, se agachó, y me secó las lágrimas con sus dedos.
-No puedo ni pensar en quedarme a tu lado después de todo el daño que te he hecho.
Se levantó, y se puso frente al hombre que me acompañaba, abriendo los brazos, desarmado.
Supe el momento exacto en que mi compañero disparó. Me levanté, y me interpuse entre la bala y Mark.
Y la bala me dio en pleno pulmón.
Caí al suelo, y aún alcancé a oír un segundo disparo, pero que salía de al lado mía, y oí el cuerpo de mi compañero caer pesadamente al suelo.
Luego sentí los brazos de Mark rodeándome, y llamándome desesperadamente por mi nombre, mi verdadero nombre.
Abrí los ojos tanto como pude, alcé la mano, y le acaricié el rostro.
-Mark…-alcancé a susurrar.
Lo último que escuché fue un sollozo desesperado.
Lo último que vi fue el rostro de Mark, pálido e infinitamente triste.
Lo último que sentí fue una lágrima que cayó en mi mejilla.
Y, desde ahí, todo está oscuro…
O2. Lo importante...No es el nombre.
Alguien corría en la oscuridad, tratando de ocultarse en algún lugar en las profundidades de aquel bosque.
La noche no acompañaba. El viento soplaba con fuerza, chocando contra su cara, estaba seguro de que haría que su olor llegar hasta ella.
Tragó saliba, sin dejar de correr.
Si lo alcanzaba, era el final. Cada paso que lo alejaba de ella, lo acercaba a la vida; cada respiración era síntoma de que ella aún estaba lejos.
Pero sabía que lo iba a alcanzar.
Se detuvo de pronto, ante una gran gruta que penetraba en la roca de una montaña. Respiró hondo, aliviado, bendiciendo su buena suerte, y entró en la gruta, buscando dónde ocultarse. Se escondió tras una gran roca, y rezó a quien pudiera oírle para que ella pasara de largo de ese lugar.
Sin embargo, sus plegarias no fueron escuchadas.
Desde la entrada de la gruta, se oyó una canción, cantada en susurros, la canción de una suave voz, que cantaba sin ninguna clase de sentimiento:
" Tú eres Crimson Camellya,
brillando antes que el Sol, aspirando a florecer,
con belleza y seguridad,
pero no lo consigues, y brotas podrida, caida y marchita,
como una fuente de sangre."
Por su espalda subió un tremendo escalofrío. Por un instante, sintió que el corazón se le salía del pecho. Su piel palideció por completo, y un sudor frío comenzó a resbalar por su frente.
Lo había encontrado.
Quiso correr, dar de nuevo esquinazo a aquella Muerte Roja, como todos la llamaban en el condado.
Pero ella fue más rápida, y, en apenas un parpadeo, apareció tras él, las espaldas juntas, aliento con aliento, respirando al compás que él marcaba, un compás agitado, temeroso, el compás que marca la respiración de quien se sabe muerto.
Ella rozó su mano, fría, pálida, y sudorosa, y la tomó. Él no ofreció resistencia, su cuerpo era ya un mero recipiente vacío, hacía segundos que su alma se había ido.
Ella susurró:
-Sigue con la canción.
Incapaz de desobedecer, cantó, con voz ahogada:
" Vives en un mundo en el que todo es pecado,
puesto que has cometido un crimen, ahora debes pagarlo.
La diferencia entre tú y yo es que ahora te desvanecerás..."
Ella selló sus labios con un dedo, y, atravesándolo con su espada por el costado, susurró:
" ...En sangre fría... "
Sacó la espada del cuerpo inerte del chico, que cayó al suelo, inerte, dejando crecer bajo él un charco de sangre, esa sangre carmesí que aún manchaba su espada.
La muchacha acercó la espada ensangrentada a sus labios, y la besó, coloreándose los labios de ese rojo oscuro tan llamativo.
Se atusó los cabellos granates, y se alejó lentamente del cadáver, hacia el bosque.
Junto al cuerpo desangrado de su víctima, había un pergamino, donde había una sola frase escrita, con letra pulcra y delicada:
"Yo soy Crimson Camellya"
La noche no acompañaba. El viento soplaba con fuerza, chocando contra su cara, estaba seguro de que haría que su olor llegar hasta ella.
Tragó saliba, sin dejar de correr.
Si lo alcanzaba, era el final. Cada paso que lo alejaba de ella, lo acercaba a la vida; cada respiración era síntoma de que ella aún estaba lejos.
Pero sabía que lo iba a alcanzar.
Se detuvo de pronto, ante una gran gruta que penetraba en la roca de una montaña. Respiró hondo, aliviado, bendiciendo su buena suerte, y entró en la gruta, buscando dónde ocultarse. Se escondió tras una gran roca, y rezó a quien pudiera oírle para que ella pasara de largo de ese lugar.
Sin embargo, sus plegarias no fueron escuchadas.
Desde la entrada de la gruta, se oyó una canción, cantada en susurros, la canción de una suave voz, que cantaba sin ninguna clase de sentimiento:
" Tú eres Crimson Camellya,
brillando antes que el Sol, aspirando a florecer,
con belleza y seguridad,
pero no lo consigues, y brotas podrida, caida y marchita,
como una fuente de sangre."
Por su espalda subió un tremendo escalofrío. Por un instante, sintió que el corazón se le salía del pecho. Su piel palideció por completo, y un sudor frío comenzó a resbalar por su frente.
Lo había encontrado.
Quiso correr, dar de nuevo esquinazo a aquella Muerte Roja, como todos la llamaban en el condado.
Pero ella fue más rápida, y, en apenas un parpadeo, apareció tras él, las espaldas juntas, aliento con aliento, respirando al compás que él marcaba, un compás agitado, temeroso, el compás que marca la respiración de quien se sabe muerto.
Ella rozó su mano, fría, pálida, y sudorosa, y la tomó. Él no ofreció resistencia, su cuerpo era ya un mero recipiente vacío, hacía segundos que su alma se había ido.
Ella susurró:
-Sigue con la canción.
Incapaz de desobedecer, cantó, con voz ahogada:
" Vives en un mundo en el que todo es pecado,
puesto que has cometido un crimen, ahora debes pagarlo.
La diferencia entre tú y yo es que ahora te desvanecerás..."
Ella selló sus labios con un dedo, y, atravesándolo con su espada por el costado, susurró:
" ...En sangre fría... "
Sacó la espada del cuerpo inerte del chico, que cayó al suelo, inerte, dejando crecer bajo él un charco de sangre, esa sangre carmesí que aún manchaba su espada.
La muchacha acercó la espada ensangrentada a sus labios, y la besó, coloreándose los labios de ese rojo oscuro tan llamativo.
Se atusó los cabellos granates, y se alejó lentamente del cadáver, hacia el bosque.
Junto al cuerpo desangrado de su víctima, había un pergamino, donde había una sola frase escrita, con letra pulcra y delicada:
"Yo soy Crimson Camellya"
O1. El Ángel que renunció a sus alas.
Ah, el amor...La droga más poderosa, más dulce, más adictiva...Y la más amarga y letal.
¿Cuántas locuras has hecho por amor?
Seguro que has hecho miles. Seguro que harías mil más.
Pero...¿renunciarías a tu vida, a todo lo que conoces, por un amor imposible, por algo que está prohibido?
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Hace tiempo, un ángel perdido bajó a la tierra, gravemente herido. Era un ángel de forma femenina, que, de repente, se encontró perdida por las calles de un pequeño pueblecito costero. Desorientada, herida, y sola, el ángel vagó durante horas, calle por calle, sin pedir ayuda, y sin recibirla, hasta que, sin poder soportar mucho más, cayó al suelo, cansada y dolorida.
Fue en ese momento cuando una suave voz la hizo alzar la vista. Una voz que podría haber sido la de otro ángel, pero que era la de un ser al que su raza llevaba siglos enfrentada.
Su primer instinto fue echarse hacia atrás. Pero él, en lugar de alejarse también, le tendió la mano.
Ella lo miró a los ojos, preguntándose por qué hacía eso un demonio. Y, cuando lo miró a los ojos, estuvo segura.
Aquél demonio no le iba a hacer daño.
Pasaron los días. Varios, desde que el ángel cogió la mano del demonio que ahora estaba curando sus alas.
Sin embargo, algo surgió en el corazón del ángel.
Guardó silencio, siempre bajo su sonrisa. Aquel demonio la trataba como a una hermana. Él no la dejaba sola, al contrario de lo que los Ángeles habían hecho. Lo menos que podía hacer era demostrarle un poco de cariño, pero no lo que escondía.
Sin embargo, una noche, su máscara cedió, y trató de darle algo más que los abrazos que él solía darle.
Cuando sus labios estaban a escasos milímetros, el la apartó con violencia, mirándola, sorprendida.
Y, con la misma cara de sorpresa, la vio desaparecer.
*********************************
Pasaron semanas, y el Ángel no volvía. Él empezaba a preguntarse qué habría sido de su amiga, por qué no volvía. ¿Sería que le dolió el que la separase de él aquella noche?
Para cuando se dio cuenta de los sentimientos del Ángel, ya se había marchado.
Y, ahora, empezaba a perder la esperanza de volverla a ver.
Una mañana, mientras volvía de cazar, el demonio se cruzó con una humana que parecía haberse caído de su caballo. Se tocaba el tobillo, siseando levemente de dolor. Cuando alzó la vista y se miraron, el demonio no pudo evitar sentir una punzada en el pecho.
Le tendió la mano, y ella la cogió, con una leve sonrisa, y un suave agradecimiento. La llevó a casa, la chica parecía desorientada, pero lo seguía, como si confiara en él.
Pasaron muchos días, y él se dio cuenta de que se estaba enamorando de aquella dulce humana. A veces le recordaba a su Ángel Perdido. Su sonrisa, algunos gestos...eran los de su perdida compañera.
No...No podía enamorarse de aquella humana. Pero...era tan inevitable...
Tan, tan inevitable...que, una noche, ambos se entregaron, el uno a la otra.
"Perfectos".
Era la palabra que se dibujaba en su mente, recordando esos momentos.
No pasaba un día que no sonriera desde ese. Incluso la ausencia de su Ángel le dolía menos gracias a aquella humana.
Pero, de golpe...Todo acabó.
Con el seco ruido de un disparo, todo terminó.
********************
Cuando ella llegó, sintió que se moría.
Allí estaba. En el suelo. Semi-inconsciente. Sangrando.
Se moría.
Corrió a levantarlo un poco con aquellos débiles brazos. Él la miró, gimiendo.
Balas angélicas. Sólo eso podía haber causado lo que estaba ocurriendo. Una bala del arma de un ángel.
Lo abrazó, casi llorando.
"Mi amor...estás helado..."
Él la miró, tratando de alzar la mano hasta su rostro. Ella la cogió.
Se estaba muriendo.
"No te preocupes...Cambiaré mi vida por la tuya, tal y como juré aquel día..."
Acarició su mejilla. Cada vez, más y más frío.
"Mi pecado contra Dios..."
*************************
Poco a poco, la frágil humana se fue convirtiendo en el Ángel que él conocía, y que lo miraba, con una tierna sonrisa, mientras notaba como las fuerzas volvían a él.
"Hoy, pagaré todos mis actos de traición, en nombre de nuestro amor. Creo...que ese es mi destino."
Cuando al fin pudo incorporarse, trató de acariciarle una mejilla. Quiso rozarla, abrazarla, besarla...
Pero todo lo que pudo fue verla romperse como una muñeca de porcelana, mientras el aire hacía resonar sus últimas palabras.
"...Te amo."
¿Cuántas locuras has hecho por amor?
Seguro que has hecho miles. Seguro que harías mil más.
Pero...¿renunciarías a tu vida, a todo lo que conoces, por un amor imposible, por algo que está prohibido?
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Hace tiempo, un ángel perdido bajó a la tierra, gravemente herido. Era un ángel de forma femenina, que, de repente, se encontró perdida por las calles de un pequeño pueblecito costero. Desorientada, herida, y sola, el ángel vagó durante horas, calle por calle, sin pedir ayuda, y sin recibirla, hasta que, sin poder soportar mucho más, cayó al suelo, cansada y dolorida.
Fue en ese momento cuando una suave voz la hizo alzar la vista. Una voz que podría haber sido la de otro ángel, pero que era la de un ser al que su raza llevaba siglos enfrentada.
Su primer instinto fue echarse hacia atrás. Pero él, en lugar de alejarse también, le tendió la mano.
Ella lo miró a los ojos, preguntándose por qué hacía eso un demonio. Y, cuando lo miró a los ojos, estuvo segura.
Aquél demonio no le iba a hacer daño.
Pasaron los días. Varios, desde que el ángel cogió la mano del demonio que ahora estaba curando sus alas.
Sin embargo, algo surgió en el corazón del ángel.
Guardó silencio, siempre bajo su sonrisa. Aquel demonio la trataba como a una hermana. Él no la dejaba sola, al contrario de lo que los Ángeles habían hecho. Lo menos que podía hacer era demostrarle un poco de cariño, pero no lo que escondía.
Sin embargo, una noche, su máscara cedió, y trató de darle algo más que los abrazos que él solía darle.
Cuando sus labios estaban a escasos milímetros, el la apartó con violencia, mirándola, sorprendida.
Y, con la misma cara de sorpresa, la vio desaparecer.
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Pasaron semanas, y el Ángel no volvía. Él empezaba a preguntarse qué habría sido de su amiga, por qué no volvía. ¿Sería que le dolió el que la separase de él aquella noche?
Para cuando se dio cuenta de los sentimientos del Ángel, ya se había marchado.
Y, ahora, empezaba a perder la esperanza de volverla a ver.
Una mañana, mientras volvía de cazar, el demonio se cruzó con una humana que parecía haberse caído de su caballo. Se tocaba el tobillo, siseando levemente de dolor. Cuando alzó la vista y se miraron, el demonio no pudo evitar sentir una punzada en el pecho.
Le tendió la mano, y ella la cogió, con una leve sonrisa, y un suave agradecimiento. La llevó a casa, la chica parecía desorientada, pero lo seguía, como si confiara en él.
Pasaron muchos días, y él se dio cuenta de que se estaba enamorando de aquella dulce humana. A veces le recordaba a su Ángel Perdido. Su sonrisa, algunos gestos...eran los de su perdida compañera.
No...No podía enamorarse de aquella humana. Pero...era tan inevitable...
Tan, tan inevitable...que, una noche, ambos se entregaron, el uno a la otra.
"Perfectos".
Era la palabra que se dibujaba en su mente, recordando esos momentos.
No pasaba un día que no sonriera desde ese. Incluso la ausencia de su Ángel le dolía menos gracias a aquella humana.
Pero, de golpe...Todo acabó.
Con el seco ruido de un disparo, todo terminó.
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Cuando ella llegó, sintió que se moría.
Allí estaba. En el suelo. Semi-inconsciente. Sangrando.
Se moría.
Corrió a levantarlo un poco con aquellos débiles brazos. Él la miró, gimiendo.
Balas angélicas. Sólo eso podía haber causado lo que estaba ocurriendo. Una bala del arma de un ángel.
Lo abrazó, casi llorando.
"Mi amor...estás helado..."
Él la miró, tratando de alzar la mano hasta su rostro. Ella la cogió.
Se estaba muriendo.
"No te preocupes...Cambiaré mi vida por la tuya, tal y como juré aquel día..."
Acarició su mejilla. Cada vez, más y más frío.
"Mi pecado contra Dios..."
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Poco a poco, la frágil humana se fue convirtiendo en el Ángel que él conocía, y que lo miraba, con una tierna sonrisa, mientras notaba como las fuerzas volvían a él.
"Hoy, pagaré todos mis actos de traición, en nombre de nuestro amor. Creo...que ese es mi destino."
Cuando al fin pudo incorporarse, trató de acariciarle una mejilla. Quiso rozarla, abrazarla, besarla...
Pero todo lo que pudo fue verla romperse como una muñeca de porcelana, mientras el aire hacía resonar sus últimas palabras.
"...Te amo."
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