Las lágrimas que recorren mis mejillas,
son siempre por la misma razón,
este inútil corazón mío
no se acostumbra al dolor.
¿Crees que si sólo rasgo mi garganta,
podré volar lejos, donde no haya
tanto dolor?
(Todos tenemos un día emo. Este es el mío.)
martes, 31 de enero de 2012
domingo, 29 de enero de 2012
28. Victoria sabía lo que hacía.
Sabía que si los perdía a los dos, ella estaría muerta.
¿De qué le servía seguir viva, si ya no les tenía?
Si ya no tenía a Jack, al calor, esa sonrisa dulce, esos ojos siempre sonrientes, esa dulzura...
Si ya no tenía a Kirtash, a su fresca presencia, sus secretos momentos dulces, su media sonrisa...
¿De qué le servía ser el último unicornio de Idhún, si ya no les tenía con ella?
La luz del unicornio se había apagado, Vic ya no brillaba.
miércoles, 18 de enero de 2012
27. ¿Que ya no te necesito?
Dime, ¿dejé de hacerlo en algún momento?
NUNCA.
Te sigo necesitando más que a nada, incluso más que a la música, o los libros.
Cada "te quiero" que te digo es una forma de demostrarte cuánto te necesito.
¿Qué más debo hacer?
martes, 10 de enero de 2012
26. Jaa-nee...
Sabes que siempre me vas a tener aquí cuando me necesites, que no tienes más que llamarme, o mandarme un privado, o buscarme en el chat.
Sabes que nunca, nunca voy a olvidarme de ti, que siempre tendrás un sitio para ti sólo en mi corazón, y que el cariño que siento por ti no se va a ir, jamás.
Sabes que siempre serás mi Colmillitos, y que yo siempre seré tu Rannucha, que pensaré en ti cada vez que escuche Gorillaz, que se cuele algún video en la MTv, cuando me ponga mi camiseta, o cuando me esconda bajo el edredón.
Sólo te pido que seas feliz, que sonrías siempre, y que me dejes estar ahí para ver esas sonrisas, porque de ellas depende un trocito de mi felicidad.
Pero...No voy a volver a llorar por ti, ni a pensar en lo que pudo haber sido y no fue.
Porque eso nos hace daño a ti, a mi, y los demás.
Pero siempre, siempre te voy a querer a mi lado, como los amigos que fuimos desde el principio. Siempre me hará feliz saber que tú lo eres.
Siempre pensaré en ti cada día, un instante.
Seamos felices los dos, ¿vale?
Sabes que nunca, nunca voy a olvidarme de ti, que siempre tendrás un sitio para ti sólo en mi corazón, y que el cariño que siento por ti no se va a ir, jamás.
Sabes que siempre serás mi Colmillitos, y que yo siempre seré tu Rannucha, que pensaré en ti cada vez que escuche Gorillaz, que se cuele algún video en la MTv, cuando me ponga mi camiseta, o cuando me esconda bajo el edredón.
Sólo te pido que seas feliz, que sonrías siempre, y que me dejes estar ahí para ver esas sonrisas, porque de ellas depende un trocito de mi felicidad.
Pero...No voy a volver a llorar por ti, ni a pensar en lo que pudo haber sido y no fue.
Porque eso nos hace daño a ti, a mi, y los demás.
Pero siempre, siempre te voy a querer a mi lado, como los amigos que fuimos desde el principio. Siempre me hará feliz saber que tú lo eres.
Siempre pensaré en ti cada día, un instante.
Seamos felices los dos, ¿vale?
viernes, 6 de enero de 2012
24. Y, cuando he bajado a abrir los regalos...
...me he encontrado con que tú no estabas entre ellos.
Te echo de menos.
Te echo de menos.
domingo, 1 de enero de 2012
23. Mi único deseo.
Anoche, Cenicienta huyó del castillo, mientras las campanadas aún resonaban por los alrededores. Agarró con fuerza su vestido, y corrió como si de ello dependiera su vida, dejando atrás todo aquello por lo que había peleado.
Pero esta Cenicienta no peleó con sus hermanastras, madrastra, ni nada así.
Cenicienta luchó por algo que sentía.
Algo por lo que respiraba, vivía, comía, sonreía, y despertaba cada mañana. Cenicienta había dejado de lado la fregona, la escoba, las burlas, y el pasado, sólo para pelear por un sentimiento, por ver sonreír a alguien.
Pero Cenicienta nunca lo consiguió.
Su baile cesó con la primera campanada, cuando tomó una decisión, tal vez, equivocada.
Se detuvo en medio del vals en la segunda campanada, parpadeando para contener las lágrimas.
Dio un paso atrás en la tercera campanada, sabiendo que, tras el siguiente, no podría volver, por más que lo deseara.
Le miró a los ojos en la cuarta campanada.
En la quinta, le entregó su maltrecho corazón.
Se giró en la sexta campanada, agarrando las faldas de su vestido.
Echó a correr, huyó, en la séptima campanada.
En la octava, cruzaba mareas de gente en la fría noche.
En la novena, su vestido se había transformado en otra ropa.
En la décima, pidió un vodka.
En la undécima, iba por el cuarto.
En la duodécima campanada, sonó su móvil.
Y con la más perfecta máscara, rió durante la llamada, volvió al pub lleno de gente, jugó a los dardos y al billar, y se suicidó, dejándose ahogar en un mar de vodka, ron y olor a humo de discoteca.
Cenicienta despertó en su cama a la mañana siguiente, abrazada a un peluche. Se levantó, y miró a su alrededor.
Y las cuatro paredes se cerraron entorno a ella, cuando vio el ordenador encendido.
"El único deseo que pido, es poder tenerle de nuevo a mi lado."
Cenicienta...Nunca aprenderás.
Pero esta Cenicienta no peleó con sus hermanastras, madrastra, ni nada así.
Cenicienta luchó por algo que sentía.
Algo por lo que respiraba, vivía, comía, sonreía, y despertaba cada mañana. Cenicienta había dejado de lado la fregona, la escoba, las burlas, y el pasado, sólo para pelear por un sentimiento, por ver sonreír a alguien.
Pero Cenicienta nunca lo consiguió.
Su baile cesó con la primera campanada, cuando tomó una decisión, tal vez, equivocada.
Se detuvo en medio del vals en la segunda campanada, parpadeando para contener las lágrimas.
Dio un paso atrás en la tercera campanada, sabiendo que, tras el siguiente, no podría volver, por más que lo deseara.
Le miró a los ojos en la cuarta campanada.
En la quinta, le entregó su maltrecho corazón.
Se giró en la sexta campanada, agarrando las faldas de su vestido.
Echó a correr, huyó, en la séptima campanada.
En la octava, cruzaba mareas de gente en la fría noche.
En la novena, su vestido se había transformado en otra ropa.
En la décima, pidió un vodka.
En la undécima, iba por el cuarto.
En la duodécima campanada, sonó su móvil.
Y con la más perfecta máscara, rió durante la llamada, volvió al pub lleno de gente, jugó a los dardos y al billar, y se suicidó, dejándose ahogar en un mar de vodka, ron y olor a humo de discoteca.
Cenicienta despertó en su cama a la mañana siguiente, abrazada a un peluche. Se levantó, y miró a su alrededor.
Y las cuatro paredes se cerraron entorno a ella, cuando vio el ordenador encendido.
"El único deseo que pido, es poder tenerle de nuevo a mi lado."
Cenicienta...Nunca aprenderás.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


