lunes, 28 de noviembre de 2011

16. Y llegaron él y su violín.

Y mi tristeza se calmó. 
De repente, los violines empezaron a llenar mis oídos con su dulce melodía, y una leve sonrisa se dibujó en mi rostro.
De repente, aunque seguía extrañando a mi perdido Réquiem, me sentía más calmada.


Llegaron él y su música, diferentes, distintos, embriagándome. 
Sus misterios, sus risas, todo me volvieron a poner los pies en la tierra.
Y, cuando las lágrimas amenazan con volver, él y sus chistes me hacen reír.




Tú y tu violín. Y tus chistes. Tus misterios. Incluso el nombre que me regalaste, y la forma en que me ves.
¿Cómo lo hiciste para aparecer tan a tiempo en mi vida? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario