Ah, el amor...La droga más poderosa, más dulce, más adictiva...Y la más amarga y letal.
¿Cuántas locuras has hecho por amor?
Seguro que has hecho miles. Seguro que harías mil más.
Pero...¿renunciarías a tu vida, a todo lo que conoces, por un amor imposible, por algo que está prohibido?
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Hace tiempo, un ángel perdido bajó a la tierra, gravemente herido. Era un ángel de forma femenina, que, de repente, se encontró perdida por las calles de un pequeño pueblecito costero. Desorientada, herida, y sola, el ángel vagó durante horas, calle por calle, sin pedir ayuda, y sin recibirla, hasta que, sin poder soportar mucho más, cayó al suelo, cansada y dolorida.
Fue en ese momento cuando una suave voz la hizo alzar la vista. Una voz que podría haber sido la de otro ángel, pero que era la de un ser al que su raza llevaba siglos enfrentada.
Su primer instinto fue echarse hacia atrás. Pero él, en lugar de alejarse también, le tendió la mano.
Ella lo miró a los ojos, preguntándose por qué hacía eso un demonio. Y, cuando lo miró a los ojos, estuvo segura.
Aquél demonio no le iba a hacer daño.
Pasaron los días. Varios, desde que el ángel cogió la mano del demonio que ahora estaba curando sus alas.
Sin embargo, algo surgió en el corazón del ángel.
Guardó silencio, siempre bajo su sonrisa. Aquel demonio la trataba como a una hermana. Él no la dejaba sola, al contrario de lo que los Ángeles habían hecho. Lo menos que podía hacer era demostrarle un poco de cariño, pero no lo que escondía.
Sin embargo, una noche, su máscara cedió, y trató de darle algo más que los abrazos que él solía darle.
Cuando sus labios estaban a escasos milímetros, el la apartó con violencia, mirándola, sorprendida.
Y, con la misma cara de sorpresa, la vio desaparecer.
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Pasaron semanas, y el Ángel no volvía. Él empezaba a preguntarse qué habría sido de su amiga, por qué no volvía. ¿Sería que le dolió el que la separase de él aquella noche?
Para cuando se dio cuenta de los sentimientos del Ángel, ya se había marchado.
Y, ahora, empezaba a perder la esperanza de volverla a ver.
Una mañana, mientras volvía de cazar, el demonio se cruzó con una humana que parecía haberse caído de su caballo. Se tocaba el tobillo, siseando levemente de dolor. Cuando alzó la vista y se miraron, el demonio no pudo evitar sentir una punzada en el pecho.
Le tendió la mano, y ella la cogió, con una leve sonrisa, y un suave agradecimiento. La llevó a casa, la chica parecía desorientada, pero lo seguía, como si confiara en él.
Pasaron muchos días, y él se dio cuenta de que se estaba enamorando de aquella dulce humana. A veces le recordaba a su Ángel Perdido. Su sonrisa, algunos gestos...eran los de su perdida compañera.
No...No podía enamorarse de aquella humana. Pero...era tan inevitable...
Tan, tan inevitable...que, una noche, ambos se entregaron, el uno a la otra.
"Perfectos".
Era la palabra que se dibujaba en su mente, recordando esos momentos.
No pasaba un día que no sonriera desde ese. Incluso la ausencia de su Ángel le dolía menos gracias a aquella humana.
Pero, de golpe...Todo acabó.
Con el seco ruido de un disparo, todo terminó.
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Cuando ella llegó, sintió que se moría.
Allí estaba. En el suelo. Semi-inconsciente. Sangrando.
Se moría.
Corrió a levantarlo un poco con aquellos débiles brazos. Él la miró, gimiendo.
Balas angélicas. Sólo eso podía haber causado lo que estaba ocurriendo. Una bala del arma de un ángel.
Lo abrazó, casi llorando.
"Mi amor...estás helado..."
Él la miró, tratando de alzar la mano hasta su rostro. Ella la cogió.
Se estaba muriendo.
"No te preocupes...Cambiaré mi vida por la tuya, tal y como juré aquel día..."
Acarició su mejilla. Cada vez, más y más frío.
"Mi pecado contra Dios..."
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Poco a poco, la frágil humana se fue convirtiendo en el Ángel que él conocía, y que lo miraba, con una tierna sonrisa, mientras notaba como las fuerzas volvían a él.
"Hoy, pagaré todos mis actos de traición, en nombre de nuestro amor. Creo...que ese es mi destino."
Cuando al fin pudo incorporarse, trató de acariciarle una mejilla. Quiso rozarla, abrazarla, besarla...
Pero todo lo que pudo fue verla romperse como una muñeca de porcelana, mientras el aire hacía resonar sus últimas palabras.
"...Te amo."

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