domingo, 6 de noviembre de 2011

13. Jack y Kirtash.

Siempre he estado enamorada de dos personas que no existían en este mundo, sino entre las páginas de tres libros que, una mañana de reyes, encontré esperándome en el salón de mi casa. 
Por aquel entonces, acababa de estrenar mis 15 años, y tenía la imaginación y otras cosas disparadas. No es de extrañar, pues, que tardara menos de medio minuto en empezar a leer, y que me sumergiera de tal forma en la lectura, que, cuando me quisiera dar cuenta, era ya la hora de almorzar. 
Pero ya me había enamorado de ellos dos. Ya me había enamorado del dragón y el shek, de dos de los protagonistas de la trilogía que marcaría para siempre mi vida.
Ya estaba enamorada de Jack y Kirtash, irrevocablemente. Tan distintos, tan parecidos, tan...únicos. Y yo, soñadora de mi, soñaba con encontrarles en la realidad, aunque me costara esperarles toda mi vida. No quería una historia como la de su saga, sólo...Encontrarles fuera de las páginas. Y...les encontré. 

Encontré a mi Jack, pero, irónicamente, siempre estuvo a mi lado. Siempre, desde niña, mi Jack había estado conmigo. En cada cumpleaños, en cada carnaval, en cada momento. Siempre ahí, sonriéndome, y haciéndome sonreír, protegiéndome, abrazándome, y diciéndome "te quiero" con cada mirada. Siempre estuvo conmigo, incluso el día que se fue a vivir a Palma, incluso cuando más sola me sentía, incluso cuando no podía abrazarlo. Y, en el momento que más lo he necesitado, a vuelto a buscarme, para hacerme sonreír de nuevo. Mi Jack...A mi lado, a pesar de todo...

Y también encontré a mi Kirtash, por pura casualidad. Encontré a un chico que sí, era la frialdad pura, pero que también era tierno, y se preocupaba por mi. Que, cada vez que caía, me tendía la mano, incluso aunque nunca nos hubiéramos visto. Que muchas veces se mostraba frío e insensible, que era demasiado directo a veces, demasiado indirecto otras. Que, a pesar de todo, cuando me decía que me quería, lo decía con sinceridad. O eso creo. Mi Kirtash...Mi Chris Tara, que me lleva más allá de este mundo con sus acordes...

Los dos son más de lo que siempre quise, pero, como en sus libros, tengo el dilema. ¿El dulce dragón de ojos verdes, o el frío shek de ojos azules...?
Siempre supe que, algún día, acabaría decantándome por uno, daba igual la circunstancia.

Y así fue como la simple humana, entregó su corazón a la fría serpiente alada, aunque ella no le prestase atención.


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